Columna de opinión: La participación estudiantil que las COP aún no entienden
El año 2015, la firma del Acuerdo de París desencadenó una aceleración global en labúsqueda de soluciones para mantener la temperatura bajo los 2°C. Hoy, con la COP30acercándose en Belém en noviembre de 2025, y a casi una década de aquel acuerdo,es necesario preguntarse qué tan reales han sido estos avances. El futuro del planeta […]
El año 2015, la firma del Acuerdo de París desencadenó una aceleración global en la
búsqueda de soluciones para mantener la temperatura bajo los 2°C. Hoy, con la COP30
acercándose en Belém en noviembre de 2025, y a casi una década de aquel acuerdo,
es necesario preguntarse qué tan reales han sido estos avances.
El futuro del planeta sigue negociándose en espacios como la Conferencia de las Partes,
instancias que por su magnitud e impacto deberían orientar la acción climática global.
Sin embargo, detrás de los comunicados oficiales surge una pregunta que muchos
jóvenes nos hacemos: ¿quiénes están realmente tomando las decisiones que definirán
nuestro mañana? Como estudiante involucrado en temas de sustentabilidad y en
procesos internacionales recientes, la respuesta no es sencilla.
Soy parte de la International Forestry Students Association (IFSA), una red global con
presencia en la UC a través del comité local Los Chaguales del Mediterráneo. Desde el
año pasado, asistir a la COP30 se volvió uno de mis principales objetivos, no para
cumplir un deseo personal, sino para representar la voz de los estudiantes
latinoamericanos y observar de cerca las negociaciones. En ese camino apareció una
contradicción evidente: la brecha de acceso. Una brecha que separa el compromiso
juvenil de la posibilidad real de incidir, incluso cuando en la universidad se nos enseña
que la urgencia climática es ahora.
El problema no es la falta de voluntad estudiantil, sino un conjunto de barreras que
termina produciendo una exclusión bastante evidente. Ahorrar durante un año para
costear alojamientos imposibles, enfrentar burocracias que cambian constantemente
o depender de información que circula por canales privados no debería ser parte del
camino para participar en estos espacios. Incluso con el respaldo de una organización
global como IFSA, sentí que algo no cuadraba y que no podía ser tan difícil participar en
un evento que, en esencia, trata sobre nuestro futuro. Es importante reconocer el
mérito de iniciativas como Youth4Nature, GYBN y de los delegados de IFSA que logran
superar estos obstáculos año tras año, porque su presencia demuestra el liderazgo
juvenil que existe, pero también muestra que siguen siendo excepciones dentro de un
sistema de acceso desigual.
El rol de los estudiantes y las juventudes en la acción climática global va mucho más
allá de la etiqueta de “generación futura”. Somos agentes de acción en el presente.
Aportamos visión de largo plazo, conocimiento técnico actualizado desde la academia
y, sobre todo, una conexión directa con los territorios que viven las injusticias climáticas. El desafío no es motivar a la juventud, sino remover las barreras que limitan su aporte.
¿Qué aporta realmente un estudiante en estos procesos? Bueno, lo que aporta es
directamente una perspectiva intergeneracional que los ciclos políticos no alcanzan a
capturar. Por eso me hace sentido la campaña del Global Landscapes Forum, la entiende que la juventud está actuando desde lo local: en voluntariados, en proyectos comunitarios y en la búsqueda de soluciones concretas que no pueden quedar solo en la academia.
Pero ese compromiso no basta si los mega eventos mantienen una rigidez logística y
económica que filtra quién entra y quién no. Si incluso estudiantes con acceso a redes
universitarias sienten que la información y los costos los dejan fuera, ¿cuántos líderes
potenciales del Sur Global quedan silenciados? Este filtro socioeconómico contradice el
principio de inclusión que la acción climática requiere.
Para que la participación estudiantil sea real, los procesos internacionales tienen que
hacer ajustes profundos. No basta con decir que facilitan espacios, deben
democratizarlos de verdad. Esto incluye fondos de apoyo transparentes, información
centralizada y mecanismos donde las propuestas juveniles tengan incidencia directa y
no queden relegadas a documentos paralelos. Pienso en todo esto con plena
conciencia de los privilegios que me permiten escribirlo, y justamente por eso creo que
es urgente mirar más allá. La lucha contra la crisis climática también es una lucha por
la equidad. Si los foros que buscan “salvar el mundo” no garantizan la presencia de una
juventud diversa y comprometida, su legitimidad y su impacto real se vuelven frágiles.
La acción climática no puede seguir siendo un privilegio y esto debería ser una
motivación más para seguir ejerciéndola. Ir a la COP no debería ser tan difícil. Si estas
barreras se mantienen, ¿estamos realmente tomando decisiones para el futuro?.
Columna de opinión escrita por Agustín Coddou, estudiante de Ingeniería Forestal UC e integrante de International Forestry Students Association (IFSA)
