Diseño y bienestar animal
En un taller donde el diseño se piensa más allá de lo humano, el proyecto Cuerpos Animales, impulsado por académicos de la Escuela de Diseño UC, propone una pregunta tan simple como radical: ¿puede el diseño convertirse en un puente entre especies? La iniciativa, liderada por Marcela Mora y Pablo Hermansen, nace desde esa inquietud y se […]
En un taller donde el diseño se piensa más allá de lo humano, el proyecto Cuerpos Animales, impulsado por académicos de la Escuela de Diseño UC, propone una pregunta tan simple como radical: ¿puede el diseño convertirse en un puente entre especies? La iniciativa, liderada por Marcela Mora y Pablo Hermansen, nace desde esa inquietud y se despliega como un espacio de investigación, donde la observación, el prototipado y el trabajo en terreno buscan aportar al bienestar de la fauna nativa en procesos de rehabilitación.
“Nos interesa pensar el diseño no solo como una disciplina que resuelve problemas humanos, sino como una práctica capaz de mediar relaciones con otras especies”, explica Mora. En ese gesto, la disciplina deja de ser únicamente una herramienta funcional para transformarse en un lenguaje sensible, capaz de escuchar lo que no se dice con palabras. Así, el proyecto se instala en un territorio híbrido, donde lo técnico y lo afectivo dialogan constantemente.
Uno de los ejes centrales de Cuerpos Animales es comprender el prototipado como una forma de investigación. No se trata solo de fabricar objetos, sino de abrir situaciones que permitan aprender con los animales. “El prototipo abre una posibilidad de observación muy rica, porque permite que los animales nos ‘cuenten’ cosas sin lenguaje verbal”, señala Hermansen. Cada reacción, como la curiosidad, el rechazo o la calma, se convierte en información valiosa para ajustar el diseño, en un proceso iterativo donde las decisiones se toman en función de esas respuestas. Diseñar, en este contexto, es también escuchar.

El proyecto se desarrolla en colaboración con la Fundación Ñamku-FIAA y la Fundación Lontra, en una articulación que combina saberes académicos, biológicos, veterinarios y territoriales. Lejos de una lógica de transferencia unidireccional, el trabajo se construye como una co-creación. “El diseño no viene a reemplazar otros saberes, sino a articularlos materialmente”, afirma la docente. En esa interdisciplina, el conocimiento se vuelve colectivo y situado, anclado en las necesidades concretas de los animales y en las condiciones reales de su rehabilitación.
A lo largo de sus distintas versiones, Cuerpos Animales ha dado origen a una serie de dispositivos de enriquecimiento ambiental orientados a estimular conductas clave para la recuperación de diversas especies. Desde estructuras que promueven la caza en gaviotas hasta sistemas que incentivan el nado en pingüinos o el ejercicio en armadillos, cada prototipo busca algo más que entretener: propiciar comportamientos necesarios para la reinserción en el medio natural. En el caso de los chungungos, una especie de nutria marina en estado vulnerable, los diseños han explorado el fortalecimiento muscular y la exploración activa, como el prototipo “De Espalda al Mar”, que favorece el nado dorsal en condiciones controladas.
Sin embargo, uno de los desarrollos más significativos del proyecto es un guante diseñado para el manejo de crías de chungungo en incubadora. Su origen radica en una tensión delicada: cómo asegurar una atención clínica rigurosa sin descuidar la dimensión afectiva del cuidado. “Nos preguntamos cómo ofrecer una experiencia de contención que no estuviera tan marcada por la presencia humana directa”, explican. La respuesta fue un dispositivo que, sin reemplazar a la madre, busca aproximarse a su presencia.

El guante integra distintas capas de funcionamiento. Su superficie de pelo sintético de alta densidad imita el pelaje adulto, mientras que su estructura incorpora un sistema de alimentación con sonda y boquilla especializada. A ello se suma una fuente de calor y un módulo vibratorio que simula la respiración o el latido, generando una experiencia sensorial más completa. En los dedos, zonas texturizadas permiten estimular el juego y el acicalamiento. “Lo que nos interesa es que conjuga lo técnico con lo afectivo: alimenta, pero también abriga, acompaña y contiene”, señala Pablo.
Aunque aún no ha sido probado en un contexto real, debido a la ausencia reciente de crías que requieran este tipo de manejo, el prototipo ya representa un avance significativo en la forma de pensar el cuidado animal desde el diseño. El aprendizaje, por ahora, se encuentra en el proceso: traducir necesidades clínicas y emocionales en materialidades concretas, sin perder de vista la ergonomía para quienes lo utilizan. “Diseñamos también para los cuidadores, porque no sacamos nada con crear algo que dificulte su trabajo cotidiano”, agregan.
En este ecosistema de aprendizaje, los estudiantes cumplen un rol protagónico. Son ellos quienes observan, formulan hipótesis, diseñan y prototipan, en un ejercicio que trasciende la sala de clases. Cuerpos Animales se configura así como una experiencia inmersiva, donde el diseño se experimenta en contacto directo con otras formas de vida. “No son solo ejecutores de ideas ajenas, sino protagonistas del proceso completo”, enfatizan.

De cara al futuro, el proyecto busca consolidarse como un espacio permanente de investigación y creación, capaz de generar conocimiento original sobre el cuidado de la fauna nativa en Chile. Sin embargo, su continuidad depende en gran medida del financiamiento. Las salidas a terreno, esenciales para el trabajo situado, implican costos que hoy representan un desafío. Aun así, la proyección es clara: expandir esta práctica hacia nuevas alianzas, fortalecer redes y, eventualmente, convertirse en un laboratorio o incluso en una fundación dedicada a la innovación en bienestar animal.
En tiempos donde la relación entre humanos y naturaleza se redefine constantemente, Cuerpos Animales propone una forma distinta de habitar ese vínculo. Una donde el diseño no solo crea objetos, sino también relaciones. Donde observar se vuelve un acto de cuidado y donde, en el silencio de un gesto o en la textura de un material, puede comenzar a tejerse un nuevo lenguaje entre especies.