Un olivo con raíces en Jerusalén y vida en la UC

29 de Julio 2026

Caminar por los pasillos de la Pontificia Universidad Católica de Chile es caminar entre décadas de historia. Los edificios, patios y jardines resguardan episodios que han marcado el desarrollo del país, pero pocos poseen un simbolismo tan profundo como el olivo que hoy crece en el patio Juan Pablo II en campus Casa Central. A simple vista, […]

Caminar por los pasillos de la Pontificia Universidad Católica de Chile es caminar entre décadas de historia. Los edificios, patios y jardines resguardan episodios que han marcado el desarrollo del país, pero pocos poseen un simbolismo tan profundo como el olivo que hoy crece en el patio Juan Pablo II en campus Casa Central. A simple vista, podría parecer un árbol más. Sin embargo, sus raíces conectan la tradición cristiana con un hito científico significativo desarrollado en nuestra universidad durante la década de 1980: la germinación in vitro de un descendiente de los olivos del huerto de Getsemaní

Es una historia donde convergen la fe, la investigación y la perseverancia. También es el reflejo de una institución de educación superior que, desde hace décadas, ha entendido que el conocimiento puede preservar aquello que parece imposible de conservar. 

En 1984, el Dr. Claudio Barros Rodríguez, académico de la UC y diácono de la Iglesia Católica, regresó desde Jerusalén con siete cuescos de aceituna provenientes del huerto de Getsemaní, lugar donde, según la tradición cristiana, Jesucristo oró junto a sus discípulos antes de ser arrestado. El desafío era conseguir que aquellas semillas germinaran, pese a las dificultades naturales que presenta esta especie y a los reiterados fracasos obtenidos mediante métodos tradicionales. 

Y fue ahí cuando la ciencia abrió un nuevo camino. En una época en que la biotecnología vegetal recién comenzaba a consolidarse en Chile, investigadores UC apostaron por el cultivo in vitro, una técnica que prometía cambiar para siempre la propagación de especies vegetales. La llamada “agricultura en probeta” permitía obtener plantas genéticamente idénticas a su ejemplar de origen, libres de patógenos y con una eficiencia hasta entonces impensada.  

Más que un árbol, este olivo es un testimonio vivo de la historia, la investigación y el patrimonio que convergen en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fotografía cortesía IG Rector UC.

El origen divino  

Pero antes de pensar en miles de plantas, había que conseguir una. La misión comenzó en el Laboratorio de Embriología de la Universidad Católica, dirigido entonces por el profesor Claudio Barros, uno de los pioneros de la biología del desarrollo en Chile. Fue allí donde se realizaron los primeros intentos por rescatar el embrión contenido en las semillas provenientes de Jerusalén. 

Aquella etapa resultó decisiva. Extraer un embrión vegetal de una semilla con escasas probabilidades de germinar requería precisión, conocimiento y una infraestructura científica que en esos años apenas comenzaba a consolidarse en el país. El trabajo desarrollado por el equipo encabezado por Barros permitió dar los primeros pasos para que aquel material biológico pudiera continuar su desarrollo. 

Más tarde, el proyecto pasó al Departamento de Micropropagación de la UC, liderado por Miguel Jordan, referente nacional en biotecnología vegetal y uno de los principales impulsores de las técnicas de cultivo de tejidos en Chile. Bajo su dirección se perfeccionó el proceso de propagación vegetal y se consolidó una línea de investigación que transformaría la forma de multiplicar especies de interés agrícola, forestal y patrimonial. 

Fue precisamente en ese laboratorio donde la historia encontró uno de sus protagonistas principales. 

Carlos Roveraro integraba el Laboratorio de Biotecnología de la UC cuando recibió la tarea de intentar obtener una planta viable a partir de aquellas semillas traídas desde Tierra Santa, lo que hasta ese momento parecía improbable.

El desafío era interesante, ya que se podrían obtener plantas a partir de semillas provenientes del huerto de Getsemaní. En el laboratorio de botánica recibí cinco semillas, pero estaban en muy malas condiciones: extremadamente secas y, considerando que provenían de un huerto con más de 2.000 años de historia, era poco probable que germinaran de manera natural. El desafío consistía en aplicar mis conocimientos de cultivo de tejidos, porque en condiciones normales esas semillas no habrían germinado”, recuerda Carlos Roveraro. 

Según relataría años después, el proceso estuvo marcado por la paciencia. Durante semanas observaron cómo las semillas permanecían inmóviles. Luego apareció una pequeña raíz. Más tarde, un diminuto brote verde comenzó a abrirse paso. Era una señal mínima, pero suficiente para comprender que estaban frente a un acontecimiento extraordinario. 

El propio Roveraro recordaba entonces que cada jornada comenzaba con la incertidumbre de saber si el frágil brote seguiría con vida. “Hasta ese momento había trabajado con cultivo in vitro a partir de estacas y otros tejidos vegetales, pero nunca desde semillas. Tuve que aplicar técnicas de estratificación para lograr la germinación y, finalmente, solo una semilla prosperó. Como el olivo es una especie oleaginosa (cuyas semillas o frutos contienen una alta proporción de aceites o grasas) era muy susceptible a la contaminación, por lo que la planta comenzó a infectarse y fue necesario aplicar un tratamiento para recuperar su condición sanitaria. Con el paso de los días mejoró, y eso significó una enorme alegría para mí”, señala.  

Con el paso del tiempo, el pequeño olivo dejó el laboratorio. Lo que durante meses había vivido protegido en condiciones controladas inició una nueva etapa al aire libre, adaptándose lentamente hasta transformarse en el árbol que hoy permanece en campus Casa Central. 

Su presencia es mucho más que un recuerdo botánico, ya que representa una época en que la universidad comenzaba a posicionarse como referente nacional en biotecnología vegetal. Las investigaciones desarrolladas por equipos liderados por académicos como Claudio Barros y Miguel Jordan contribuyeron a instalar capacidades científicas que luego serían fundamentales para el desarrollo de la micropropagación de especies agrícolas, forestales y nativas en Chile. 

En esos mismos años, la UC impulsaba investigaciones sobre cultivos meristemáticos, propagación vegetal y saneamiento de plantas, tecnologías que permitían obtener ejemplares libres de enfermedades y mejorar la productividad agrícola. La experiencia del olivo de Getsemaní se transformó, así, en uno de los ejemplos más visibles del potencial que ofrecía la biotecnología para enfrentar desafíos tanto productivos como patrimoniales. 

Para Roveraro, la experiencia también marcó un punto de inflexión para la investigación desarrollada en la universidad. “Se abrió una nueva ventana para el cultivo de tejidos in vitro a partir de semillas y fue un trabajo pionero en plantas oleaginosas. Hasta ese momento no habíamos aplicado esta técnica en este tipo de especies debido a los problemas de contaminación que presentaban en laboratorio”, explica. 

En 1987, Carlos Roveraro posa junto al olivo que logró germinar a partir de una semilla proveniente de Getsemaní, tras un complejo proceso de cultivo in vitro. Fotografía Revista Ercilla, 1987.

Pero hay un elemento que trasciende incluso ese aporte científico, puesto que a diferencia de muchos experimentos cuyo resultado permanece únicamente en publicaciones o laboratorios, este sigue vivo. Se puede recorrer, observar y contemplar. Sus ramas han acompañado generaciones de estudiantes, académicos(as), funcionarios(as) y visitantes que, muchas veces sin saberlo, caminan junto a un árbol nacido gracias a una investigación desarrollada hace casi cuatro décadas. 

Ese olivo resume buena parte de la identidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, una institución donde la búsqueda del conocimiento dialoga con la historia, donde la investigación responde a preguntas concretas y también es capaz de preservar símbolos que forman parte de un patrimonio compartido. 

Hoy, mientras el árbol continúa creciendo en el corazón de Casa Central, su historia sigue más viva que nunca. Una historia escrita por investigadores que apostaron por una tecnología incipiente, por laboratorios que trabajaron de manera colaborativa y por una comunidad universitaria que entendió que la ciencia sirve para descubrir el futuro y también para cuidar aquello que merece perdurar. 


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ELEDUC recibe reconocimiento internacional por su aporte a la reinserción social 

1 de Julio 2026

El programa En Libertad de Educación (ELEDUC) de la Pontificia Universidad Católica de Chile obtuvo el segundo lugar en los MacJannet Prize 2026, una distinción internacional que distingue iniciativas universitarias con alto impacto social. El jurado destacó el modelo de acompañamiento integral de ELEDUC, orientado a favorecer el acceso y permanencia en la educación superior de mujeres que se encuentran o han estado privadas de libertad.

La capacidad de la educación para abrir nuevas oportunidades, fortalecer trayectorias de vida y contribuir a procesos de reinserción social fue reconocida a nivel internacional luego de que el programa En Libertad de Educación (ELEDUC) de la Pontificia Universidad Católica de Chile obtuviera el segundo lugar en los 2026 MacJannet Prize Winners, distinción otorgada por la Red Talloreis de Universidades Comprometidas y la Fundación MacJannet a iniciativas universitarias que generan un impacto social significativo mediante el compromiso público y la vinculación con las comunidades.  

Este reconocimiento posiciona a ELEDUC entre las experiencias de educación superior más destacadas del mundo en materia de ciudadanía global y compromiso social, valorando su propuesta de acompañamiento educativo dirigida a mujeres que se encuentran o han estado privadas de libertad, con el propósito de ampliar sus oportunidades de continuidad educativa y desarrollo personal

Creado desde la convicción de que la educación puede constituirse en una herramienta concreta para ampliar oportunidades y fortalecer procesos de reinserción, el programa aborda diversas problemáticas que afectan a mujeres en contextos de encierro o egreso penitenciario, entre ellas las brechas educativas, la exclusión social, las dificultades de empleabilidad y los desafíos asociados a la salud mental. En un contexto en que Chile presenta una de las mayores poblaciones penitenciarias femeninas de América Latina, iniciativas como ELEDUC buscan responder a una necesidad social urgente desde una perspectiva de acompañamiento integral y construcción de capacidades.  

Participantes, equipo y tutores de ELEDUC comparten un espacio de encuentro que refleja el valor del acompañamiento educativo integral del programa.

Uno de los aspectos que el jurado del MacJannet Prize destacó en la experiencia chilena es su enfoque de largo plazo. Más allá de facilitar el ingreso a estudios superiores, ELEDUC desarrolla un proceso de acompañamiento que considera distintas etapas, desde la preparación para continuar estudios y el fortalecimiento de habilidades personales, hasta el apoyo para la permanencia académica y la consolidación de proyectos educativos y laborales futuros. Este modelo permite reconocer las trayectorias de las participantes desde sus potencialidades y no únicamente desde las barreras que han debido enfrentar.  

El reconocimiento también representa un hito para la Universidad Católica, al evidenciar el alcance internacional que pueden alcanzar iniciativas que articulan el quehacer académico con desafíos sociales complejos. En este sentido, ELEDUC ha permitido construir puentes entre la universidad, instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y personas que buscan reconstruir sus trayectorias educativas, promoviendo espacios de aprendizaje, acompañamiento y desarrollo de proyectos de vida. 

Para Francisco Gallego, prorrector de gestión institucional UC, la distinción constituye un respaldo al trabajo colaborativo que ha sostenido el programa desde sus inicios. “Nos sentimos profundamente honrados y agradecidos de recibir este reconocimiento. ELEDUC es un proyecto colaborativo que busca poner a la universidad al servicio de uno de los desafíos más complejos de nuestra sociedad: la reinserción social de mujeres que han estado privadas de libertad. Esta iniciativa es también una expresión concreta de cómo la UC, como universidad compleja, está llamada a conectar la docencia, la investigación y el compromiso público para contribuir significativamente a la transformación de la sociedad. ELEDUC demuestra cómo esta misión cobra vida cuando la universidad trabaja con otros actores, escucha necesidades sociales reales y moviliza a su comunidad al servicio de la dignidad humana y el bien común”, señaló. 

Las tutorías reflejan el acompañamiento cercano que caracteriza a ELEDUC, clave para el fortalecimiento de los aprendizajes y la continuidad educativa de sus participantes.

La dimensión humana del programa también ha sido clave para explicar su impacto. A través de tutorías, seguimiento personalizado y generación de redes de apoyo, ELEDUC busca que las participantes no solo accedan a oportunidades educativas, sino que puedan sostenerlas en el tiempo, fortaleciendo su autonomía y sus expectativas de futuro. 

Ese acompañamiento ha sido determinante para Alejandra, participante de ELEDUC, quien actualmente cursa estudios para convertirse en asistente de odontología. Según relata, el apoyo constante del equipo del programa le ha permitido enfrentar las dificultades propias del proceso formativo y mantenerse motivada para continuar sus estudios. 

“Poder estudiar lo que estoy estudiando significa todo para mí. Me gusta mucho, soy feliz haciendo esto. Además, los chiquillos siempre nos apoyan. Cuando he tenido problemas con algunos ramos, me han conseguido un tutor o alguien que me pueda enseñar”, comenta. 

Para Alejandra, uno de los mayores logros que espera alcanzar gracias al programa es contar con una formación que le permita proyectar un nuevo futuro. “Lo que más valoro de esta experiencia es que voy a tener un título. Voy a tener un piso desde donde poder enfrentar la vida en adelante”, afirma. 

Para Verónica Grand, estudiante de pedagogía en educación media y tutora de ELEDUC desde hace más de dos años, la experiencia ha permitido constatar el potencial transformador de la educación cuando se desarrolla desde la confianza, la cercanía y el reconocimiento de las capacidades de cada persona. La estudiante participó además en la postulación al MacJannet Prize, instancia en la que presentó el modelo de acompañamiento del programa y los aprendizajes que este ha significado para quienes colaboran en él. 

El equipo de ELEDUC y colaboradores de la UC presentan las distintas etapas del programa, destacando su aporte al fortalecimiento de trayectorias educativas y al compromiso institucional con la reinserción social.

“Lo que hace único a ELEDUC es que acompaña a las mujeres no solo mientras están privadas de libertad, sino también cuando retoman sus estudios y avanzan hacia su inserción laboral. Es un programa donde uno va a enseñar, pero también aprende mucho, porque permite cuestionar prejuicios y comprender que la educación puede abrir nuevas oportunidades en momentos muy complejos de la vida”, señaló. Asimismo, destacó que su participación ha influido directamente en su formación profesional, permitiéndole explorar nuevas áreas de interés pedagógico y descubrir una vocación vinculada a la educación de personas adultas. 

En ese sentido, el segundo lugar obtenido en el MacJannet Prize 2026 trasciende la obtención de un reconocimiento internacional. También representa una validación al trabajo desarrollado por académicos(as), profesionales, tutores(as) y organizaciones colaboradoras que han apostado por ampliar las oportunidades educativas de mujeres que históricamente han enfrentado múltiples formas de exclusión, reafirmando el potencial de las universidades para contribuir a la construcción de sociedades más inclusivas y equitativas.  


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Conversatorio de ELEDUC destacó la educación como motor de nuevas oportunidades 

24 de Junio 2026

La educación como herramienta de transformación, reconstrucción de trayectorias y generación de nuevas oportunidades fue el eje central del conversatorio “(Re)inserción a través de la educación: avances y desafíos del programa ELEDUC”, realizado en el Auditorio Gabriela Mistral de la Facultad de Educación UC.  La actividad convocó a autoridades universitarias, representantes de instituciones públicas y organizaciones sociales, […]

La educación como herramienta de transformación, reconstrucción de trayectorias y generación de nuevas oportunidades fue el eje central del conversatorio “(Re)inserción a través de la educación: avances y desafíos del programa ELEDUC”, realizado en el Auditorio Gabriela Mistral de la Facultad de Educación UC. 

La actividad convocó a autoridades universitarias, representantes de instituciones públicas y organizaciones sociales, docentes, tutoras y tutores, estudiantes y participantes del programa, quienes reflexionaron en torno a las experiencias, aprendizajes y desafíos que han marcado el desarrollo del programa En Libertad de Educación (ELEDUC) de la Dirección de Sustentabilidad. Una iniciativa que busca promover procesos educativos que contribuyan a la reinserción social de personas privadas o que han estado privadas de libertad acompañando a mujeres del Centro Penitenciario Femenino de Santiago que buscan estudiar en la educación superior. 

El panel del conversatorio ELEDUC reunió a representantes de la academia, instituciones públicas y organizaciones sociales para dialogar sobre los desafíos de la reinserción social a través de la educación. Fotografía cortesía: Facultad de Educación.

Francisco Gallego, prorrector de gestión institucional UC, destacó que, programas como ELEDUC, representan una expresión concreta del compromiso de la institución con poner el conocimiento al servicio de los desafíos del país. “Como universidad buscamos contribuir a la transformación de Chile desde nuestras capacidades de docencia, investigación y vinculación con el medio. ELEDUC es una muestra de ello, porque surgió al reconocer una realidad presente en nuestro propio entorno: el Centro Penitenciario Femenino ubicado frente al campus San Joaquín, y a partir de esa cercanía fue capaz de movilizar a distintas unidades de la Universidad para responder a un desafío tan complejo como la reinserción social de mujeres a través de la educación. Hoy articula el trabajo de estudiantes, académicos, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas para acompañar estos procesos. Las transformaciones que el país necesita solo son posibles cuando distintos actores se encuentran, colaboran y construyen confianza”, señaló. 

Durante la jornada se revisaron los aprendizajes y desafíos que ha dejado la implementación de ELEDUC, abordando temas como la continuidad educativa, la inserción laboral y la necesidad de fortalecer estrategias de acompañamiento que permitan sostener procesos de reinserción social en el tiempo. 

En ese contexto, Maryon Urbina, directora de sustentabilidad UC, presentó el funcionamiento del programa, detallando su origen, evolución y el modelo de acompañamiento que impulsa para favorecer la continuidad educativa de mujeres que se encuentran o han estado privadas de libertad. Asimismo, destacó el trabajo colaborativo que sostiene esta iniciativa, articulando a distintas unidades de la Universidad, instituciones de educación superior, organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil. 

“Las transformaciones que el país necesita solo son posibles cuando distintos actores se encuentran, colaboran y construyen confianza”, afirmó Francisco Gallego, prorrector de Gestión Institucional UC, durante el conversatorio de ELEDUC. Fotografía cortesía: Facultad de Educación.

La actividad contó además con la presencia de la coronel Sandra Zapata, directora regional metropolitana de Gendarmería de Chile, quien valoró el aporte de ELEDUC a los procesos de reinserción social de las mujeres participantes y reafirmó el compromiso de la institución con iniciativas que amplían las oportunidades de acceso a la educación superior y favorecen la construcción de proyectos de vida en libertad 

Uno de los momentos centrales de la actividad fue el panel de conversación integrado por Olga Espinoza, docente de la Facultad de Educación UC y coordinadora académica de la etapa 1 de ELEDUC; Verónica Grand, tutora ELEDUC; Rodrigo Lagos, director de sede DUOC UC San Joaquín; la hermana Nelly, de Fundación Mujer Levántate; y la coronel Marjoriet Castilla, alcaide del Centro Penitenciario Femenino San Joaquín, quienes dialogaron sobre los avances alcanzados por el programa y los desafíos pendientes para fortalecer las oportunidades de formación de personas que buscan reconstruir sus trayectorias educativas a través de la educación.

Las y los panelistas coincidieron en que los procesos de reinserción requieren de un trabajo colaborativo entre instituciones educativas, organismos públicos y organizaciones de apoyo social, así como de estrategias de acompañamiento que permitan sostener las trayectorias formativas en el tiempo. En este sentido, destacaron la importancia de fortalecer vínculos con empresas que faciliten oportunidades de inserción laboral acordes a los campos de estudio y proyectos de desarrollo de las participantes. 

También se destacó la importancia de reconocer las capacidades y potencialidades de quienes participan en estos programas, superando estigmas y promoviendo espacios que favorezcan el aprendizaje, la autonomía y el ejercicio pleno de la ciudadanía. 

El conversatorio relevó la importancia del trabajo articulado entre universidades, instituciones públicas, organizaciones sociales y empresas para favorecer procesos de reinserción social.

Olga Espinoza hizo un llamado a los y las estudiantes a involucrarse en iniciativas como ELEDUC y a comprenderlas como una parte esencial de su formación universitaria. La académica señaló que la experiencia en la educación superior no solo implica adquirir conocimientos disciplinares, sino también conocer las necesidades de la sociedad y comprometerse con su transformación. En esa línea, destacó que participar en programas de este tipo contribuye a una formación integral y al desarrollo de profesionales comprometidos con el servicio público, el bien común y la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. En este contexto, ELEDUC mantiene abierto su proceso de convocatoria para incorporar nuevas y nuevos tutores, invitando a estudiantes de la UC a sumarse a una experiencia de aprendizaje y servicio que contribuye a fortalecer trayectorias educativas y proyectos de vida de mujeres que buscan reinsertarse en la sociedad a través de la educación. Inscríbete aquí.  

De esta manera, ELEDUC no solo amplía oportunidades educativas para mujeres que buscan reconstruir sus trayectorias de vida, sino que también constituye un espacio formativo para estudiantes y docentes, permitiendo a la UC poner sus capacidades académicas y humanas al servicio de uno de los desafíos sociales más complejos del país. A través del trabajo colaborativo entre la universidad, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil, el programa refleja la aspiración de la UC de contribuir a la transformación de Chile desde el conocimiento, la vinculación con el medio y el compromiso con el bien común. 


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Estaciones de Transferencia de Reciclaje abren una nueva etapa para la circularidad en la UC

3 de Junio 2026

El aumento en la generación de residuos y la necesidad de contar con sistemas más eficientes para su manejo al interior de los campus universitarios han impulsado a la Pontificia Universidad Católica de Chile a fortalecer su estrategia de reciclaje y valorización de materiales. En un espacio como el campus San Joaquín, donde diariamente convergen […]

El aumento en la generación de residuos y la necesidad de contar con sistemas más eficientes para su manejo al interior de los campus universitarios han impulsado a la Pontificia Universidad Católica de Chile a fortalecer su estrategia de reciclaje y valorización de materiales. En un espacio como el campus San Joaquín, donde diariamente convergen miles de estudiantes, académicos y funcionarios, uno de los principales desafíos ha sido facilitar la correcta separación, almacenamiento y traslado de residuos reciclables entre las distintas facultades y el sistema centralizado de reciclaje de la universidad.

Frente a esa necesidad surgen las Estaciones de Transferencia de Reciclaje (ETR), una iniciativa impulsada por la UC para robustecer la gestión de residuos dentro de nuestra institución y promover una cultura sustentable en la comunidad universitaria. Estas estaciones corresponden a espacios de almacenamiento temporal de residuos reciclables generados al interior de facultades y edificios, cuya función es facilitar la operación del sistema de reciclaje y optimizar el traslado de materiales hacia el Punto Limpio Central del campus San Joaquín.

Sin embargo, el proyecto no se limita a la instalación de infraestructura. Cada ETR forma parte de un sistema de gestión de residuos implementado junto a las facultades y unidades participantes, que considera procesos de coordinación, educación, comunicación y operación para asegurar el correcto manejo de los materiales reciclables. De esta manera, las estaciones buscan integrarse a la vida cotidiana de cada comunidad universitaria, promoviendo la corresponsabilidad entre autoridades, equipos administrativos, personal de apoyo y usuarios de los espacios.

Infraestructura para fortalecer el reciclaje en los campus

En ese contexto, Tomás DallaPorta, director de Infraestructura UC, explicó que el proyecto busca consolidar de manera estructural la estrategia de reciclaje al interior de la universidad y facilitar la participación de la comunidad en prácticas sustentables cotidianas.

“El principal objetivo de estas Estaciones de Transferencia de Reciclaje (ETR) es fortalecer el sistema de gestión de residuos de la UC, facilitando una segregación más eficiente y ordenada de los materiales reciclables dentro de los campus. Este proyecto responde a una visión institucional de avanzar hacia espacios universitarios más sustentables, donde la infraestructura acompañe y promueva hábitos responsables en toda nuestra comunidad”, señaló.

Inaugurada este 2026, la Estación de Transferencia de Reciclaje (ETR) de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales busca optimizar la segregación, almacenamiento y traslado de materiales reciclables dentro de este espacio.

Asimismo, destacó que las estaciones son resultado de un trabajo articulado entre distintas unidades de la universidad, permitiendo integrar la sustentabilidad en la gestión cotidiana de los campus y generar soluciones con impacto tanto operativo como formativo.

Las ETR funcionan como un punto intermedio entre los espacios donde se generan los residuos y el sistema centralizado de reciclaje de la universidad, permitiendo ordenar y fortalecer el proceso de separación y valorización de materiales reciclables. Con ello, la iniciativa busca avanzar hacia una gestión más eficiente de los residuos, promoviendo prácticas responsables y facilitando la participación de estudiantes, académicos y funcionarios.

El proyecto forma parte de los esfuerzos institucionales de la UC por promover la reducción, reutilización y reciclaje de residuos generados en sus campus, integrando infraestructura adecuada, educación ambiental y estrategias de sensibilización orientadas a fomentar hábitos sustentables dentro de la comunidad universitaria.

“Las ETR permiten optimizar el proceso de recolección y transferencia de residuos reciclables dentro de cada una de las facultades, generando puntos más adecuados para su acopio temporal y mejorando la trazabilidad de los materiales. Esto facilita la operación logística, reduce errores en la segregación y contribuye a aumentar las tasas de reciclaje dentro de los campus”, indicó Tomás DallaPorta.

El director de Infraestructura UC agregó que la implementación de estaciones en espacios como la Facultad de Economía y Administración, College y la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales también permite pilotear soluciones en distintos contextos universitarios y recoger aprendizajes relevantes para futuras implementaciones.

Una de las unidades que se incorporó a esta iniciativa fue la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales (FASN) UC, cuya decana, Alejandra Engler, destacó que la participación de la facultad responde tanto a su identidad institucional como a una cultura ya instalada dentro de su comunidad universitaria.

A través de actividades de educación ambiental, el Escuadrón Cero Basura acompañó a estudiantes, académicos y funcionarios de College en el uso adecuado de los puntos verdes de patio.

“Bueno, en primer lugar, nosotros somos la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, donde sustentabilidad es uno de nuestros ejes y, obviamente, dentro de eso nosotros no nos podemos restar a esta iniciativa”, afirmó.

La decana agregó que existe además un fuerte compromiso por parte de estudiantes, académicos y funcionarios respecto al reciclaje y la gestión responsable de residuos, lo que hacía necesaria la implementación de infraestructura que facilitara estas prácticas al interior de su comunidad.

“Hay una cultura muy importante dentro de la facultad, al margen de lo que hacemos, de los estudiantes y también de académicos y funcionarios respecto al reciclaje, así que era algo necesario. Teníamos que dar las facilidades para que este reciclaje realmente se transformara en una realidad”, afirmó.

Una iniciativa que impulsa participación y cambio cultural

Las ETR no solo cumplen una función operativa, sino también educativa y comunitaria. La iniciativa busca generar cambios de hábito y promover una mayor conciencia respecto al manejo responsable de los residuos, integrando a estudiantes, académicos y funcionarios en una estrategia común de sustentabilidad. La experiencia en gestión ambiental ha demostrado que el éxito de los sistemas de reciclaje depende no solo de contar con infraestructura adecuada, sino también de fomentar la participación y el compromiso de las comunidades que utilizan esos espacios.

Por ello, el proyecto considera dos dimensiones fundamentales para su implementación. La primera corresponde a la gestión técnica, orientada a velar por la correcta ejecución de las estaciones, asegurando estándares de calidad y considerando aspectos operativos, plazos y presupuesto. La segunda dimensión apunta a la activación comunitaria, promoviendo el involucramiento de la comunidad universitaria, el fomento del uso de las estaciones y la apropiación de estos espacios por parte de quienes habitan diariamente el campus.

Esta activación contempla el trabajo conjunto de diversos actores al interior de cada facultad o unidad, incluyendo autoridades, direcciones económicas y de gestión, equipos comunitarios, personal de aseo, administraciones de campus y representantes de la comunidad universitaria. Su participación resulta clave para adaptar el sistema a las necesidades de cada espacio, fortalecer los procesos de segregación de residuos y promover el uso adecuado de las estaciones como parte de una estrategia compartida de sustentabilidad.

Como parte de este trabajo, las unidades que incorporan una ETR también asumen compromisos asociados a la sensibilización y educación ambiental de sus comunidades. Entre ellos se encuentra la co-gestión de campañas comunicacionales junto a los equipos de comunicaciones de cada facultad o unidad, además de la colaboración en convocatorias a talleres y capacitaciones en sustentabilidad. Estas acciones buscan acompañar la implementación de la infraestructura con instancias formativas que permitan reforzar la correcta separación de residuos y promover hábitos sustentables de largo plazo.

Como parte del sistema de gestión de residuos de la UC, las ETR fortalecen la trazabilidad y el manejo de materiales reciclables generados por la comunidad universitaria.

La implementación de cada estación también considera un proceso de lanzamiento y difusión al interior de las facultades, con el objetivo de informar a la comunidad sobre el funcionamiento del sistema y promover su correcta utilización. Estas acciones comunicacionales se desarrollan en conjunto de cada una de las unidades y buscan involucrar a los distintos actores que participan en la gestión cotidiana de los residuos, reforzando que el éxito de la iniciativa depende de la infraestructura disponible y del compromiso de las personas que la utilizan y administran.

En esa línea, Engler enfatizó la importancia de que la comunidad universitaria conozca y participe activamente de las iniciativas impulsadas por la universidad en materia de sustentabilidad, entendiendo que el fortalecimiento de una cultura ambiental requiere tanto infraestructura como involucramiento colectivo.

“Primero que conozcamos, conozcamos lo que se está haciendo, lo que está haciendo la Dirección de Sustentabilidad respecto a estas iniciativas que promueven las acciones verdes dentro de la universidad”, indicó.

Asimismo, hizo un llamado a aprovechar las instancias formativas y los espacios de participación asociados a estos programas, relevando la importancia de comprender el alcance institucional de estas acciones.

La implementación de las estaciones se ha desarrollado de manera paulatina en distintas facultades y edificios del campus San Joaquín, permitiendo adaptar el sistema a las necesidades y dinámicas propias de cada unidad académica. Este despliegue gradual también ha permitido fortalecer la coordinación entre equipos técnicos, administrativos y de sustentabilidad, consolidando una red de gestión de residuos más eficiente y articulada dentro del campus.

En cuanto a las proyecciones futuras de la iniciativa, desde la Dirección de Infraestructura señalan que las actuales estaciones representan una primera etapa para seguir fortaleciendo la red de infraestructura sustentable dentro de la universidad.

La participación de la comunidad es un componente fundamental para fortalecer las iniciativas de gestión de residuos y sustentabilidad.

“La proyección es continuar fortaleciendo la red de infraestructura asociada a la gestión sustentable de residuos en los distintos campus UC. Estas primeras estaciones representan un paso importante para evaluar oportunidades de expansión, mejoras operativas y nuevas estrategias que permitan seguir avanzando hacia una universidad más sustentable”, afirmó DallaPorta.

En esa línea, añadió que el desafío es consolidar estas iniciativas como parte estructural de la manera en que la universidad gestiona sus espacios y promueve prácticas de sustentabilidad al interior de sus comunidades.

A través de esta iniciativa, la UC continúa avanzando en el fortalecimiento de su estrategia de sustentabilidad y gestión ambiental, promoviendo acciones concretas orientadas a reducir el impacto de los residuos generados en la vida universitaria. Las Estaciones de Transferencia de Reciclaje representan así una herramienta clave para facilitar el reciclaje dentro del campus y seguir construyendo una cultura institucional basada en el cuidado del entorno y la corresponsabilidad ambiental.


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Vinculación con el Entorno Cercano para unir a la UC y sus barrios

La relación entre la universidad y su entorno no ocurre de manera espontánea. Requiere tiempo, escucha activa y, sobre todo, voluntad de construir en conjunto. Bajo esa premisa trabaja el área de Vinculación con el Entorno Cercano de la Dirección de Sustentabilidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, un equipo que ha ido consolidando […]

La relación entre la universidad y su entorno no ocurre de manera espontánea. Requiere tiempo, escucha activa y, sobre todo, voluntad de construir en conjunto. Bajo esa premisa trabaja el área de Vinculación con el Entorno Cercano de la Dirección de Sustentabilidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, un equipo que ha ido consolidando un modelo de trabajo enfocado en generar confianzas duraderas con las comunidades vecinas a sus campus.

Su propósito es claro: fortalecer el vínculo entre la UC y los barrios que la rodean, promoviendo una relación bidireccional donde la institución aporta desde su conocimiento y también aprende de las dinámicas locales. “Buscamos ser la cara visible de la universidad en los barrios, haciéndola partícipe de estos, comprendiendo sus dinámicas y desafíos y buscando formas de colaborar”, explica Elisa Manríquez, jefa del área.

El “entorno cercano” no es una abstracción. Se trata de los barrios y unidades vecinales colindantes a los campus, donde conviven vecinos(as), organizaciones comunitarias e instituciones diversas, como establecimientos educacionales, ONG y residencias. Actualmente, el equipo mantiene vínculos activos con cerca de 12 barrios en los territorios cercanos, cada uno con características y necesidades particulares.

El área de Vinculación con el Entorno Cercano de la Dirección de Sustentabilidad UC busca fortalecer la relación entre la universidad y las comunidades vecinas, generando un intercambio donde la institución aporte desde su conocimiento y también aprende del territorio.

En ese contexto, la vinculación se entiende como un proceso dinámico y colaborativo. “El rol del equipo es construir confianzas y vínculos duraderos para potenciar una identidad institucional y ética de buen vecino, contribuyendo a aumentar el impacto positivo de la presencia de la universidad en los barrios”, señala Manríquez. Esto implica una presencia constante en el territorio, así como la articulación de iniciativas que respondan a necesidades reales.

Uno de los aspectos clave de este enfoque es la apertura a la comunidad universitaria. Desde el área destacan que la diversidad disciplinar es fundamental para abordar desafíos complejos. “Cuando diferentes unidades y actores UC conocen y se interesan por nuestro entorno local es cuando surgen ideas nuevas y oportunidades de trabajo que tal vez ni nosotros ni los vecinos imaginamos inicialmente”, afirma la jefa de Vinculación.

Las posibilidades de participación son amplias. Existen instancias de vinculación académica, como cursos con metodología de Aprendizaje y Servicio (A+S) y prácticas profesionales; espacios de investigación a través de metodologías participativas; y actividades extracurriculares vinculadas a hitos territoriales. Estas líneas permiten abordar temáticas como salud, medioambiente, educación y cultura, siempre en diálogo con las prioridades de las comunidades, identificadas a partir de diagnósticos territoriales desarrollados por el equipo.

Un ejemplo concreto de este trabajo es la colaboración con organizaciones comunitarias como los Ecobarrios cercanos al campus San Joaquín. En estos espacios, estudiantes participan en actividades que combinan aprendizaje y acción, para el mejoramiento del espacio barrial desde la mantención de áreas verdes hasta el trabajo con vecinos en iniciativas sustentables. “Los alumnos logran reconocer las dinámicas propias de la vida comunitaria, rescatando experiencias de trabajo colaborativo intergeneracional”, destaca Manríquez.

Otra de las iniciativas emblemáticas es la Tarjeta Vecino UC, un canal que busca acercar la universidad a quienes viven en su entorno inmediato. A través de este sistema, más de 2.000 personas acceden a información, actividades y beneficios vinculados a la UC, facilitando su participación en espacios culturales, deportivos y formativos. Para la institución, además, representa una herramienta clave para fortalecer la comunicación directa con la comunidad.

En una línea distinta, pero igualmente significativa, se encuentra el programa ELEDUC, que vincula a la universidad con el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. Esta iniciativa acompaña a mujeres privadas de libertad en su proceso de acceso y permanencia en la educación superior, generando oportunidades concretas de desarrollo personal y reinserción social. Su implementación ha sido posible gracias al trabajo conjunto de distintas facultades y organizaciones aliadas al programa.

A través del programa ELEDUC, la UC acompaña a mujeres privadas de libertad en su acceso a la educación superior, promoviendo oportunidades de desarrollo personal y reinserción social.

Pese a los avances, el camino no está exento de desafíos. La articulación efectiva entre la universidad y su entorno requiere coordinación, compromiso y una mirada de largo plazo. Este trabajo, además, no es ajeno a la identidad de la UC: vincularse con el entorno es una expresión concreta de su misión como universidad que aspira a contribuir al bien común y a la transformación de la sociedad. “Como universidad contamos con los conocimientos y recursos, pero necesitamos alinearnos y generar verdaderas colaboraciones interdisciplinarias para responder a problemas complejos y contribuir así a la transformación de la sociedad”, advierte Manríquez.

En ese sentido, uno de los principales retos es ampliar la participación interna. El equipo insiste en la importancia de que más unidades académicas, centros y estudiantes conozcan este trabajo y se sumen a él. No solo como una forma de aportar al entorno, sino también como una oportunidad de aprendizaje. “En el vínculo con el entorno hay una gran oportunidad de abrirse a pensar las disciplinas en diferentes escenarios desarrollando habilidades y competencias que no siempre se pueden aprender desde la sala de clases”, agrega.

La invitación es directa: cualquier integrante de la comunidad UC puede ser parte de este proceso, ya sea con una idea concreta o con el interés de explorar nuevas formas de colaboración, el equipo está disponible para orientar, conectar y acompañar iniciativas. “Todas las propuestas son muy bienvenidas, hay muchísimas oportunidades de colaboración y mucho trabajo aún por hacer en nuestro entorno local”, enfatiza Manríquez.

Más que un área específica, Vinculación con el Entorno Cercano se proyecta como un medio para abrir la universidad y enraizarla en los territorios, generando un encuentro entre el conocimiento y la experiencia cotidiana de quienes habitan los barrios, con el fin de propiciar el desarrollo sustentable y la transformación social.

Por medio de iniciativas como las Ferias de Salud y Servicios y el Cuasimodo, entre otras, la UC fortalece su vínculo con las comunidades vecinas, promoviendo espacios de encuentro, colaboración y apoyo territorial. Fotografía cortesía: Vicerrectoría de Comunicaciones UC.

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Oficina Verde UC distingue a sus oficinas 2025 y fortalece una red por la sustentabilidad

La ceremonia de reconocimiento 2025 del programa Oficina Verde marcó un nuevo hito en el fortalecimiento de la sustentabilidad como práctica cotidiana en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la instancia, distintas unidades académicas y administrativas fueron destacadas por su compromiso y desempeño, reflejando un proceso que, más que puntual, da cuenta de una […]

La ceremonia de reconocimiento 2025 del programa Oficina Verde marcó un nuevo hito en el fortalecimiento de la sustentabilidad como práctica cotidiana en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la instancia, distintas unidades académicas y administrativas fueron destacadas por su compromiso y desempeño, reflejando un proceso que, más que puntual, da cuenta de una transformación cultural sostenida al interior de la institución.

Impulsado por la Dirección de Sustentabilidad UC, el programa nació en 2015 con un número acotado de oficinas. Con diez años de vida, su crecimiento ha sido significativo: hoy reúne a más de 200 oficinas distribuidas en los cinco campus de la universidad, involucrando a miles de integrantes. “Estas cifras reflejan que la sustentabilidad se ha ido instalando como una prioridad compartida dentro de la comunidad UC. La participación voluntaria demuestra una alta disposición a incorporar cambios concretos en la vida cotidiana universitaria”, señala Maryon Urbina, directora de sustentabildad UC.

Con una década de trayectoria, Oficina Verde también se proyecta como una expresión concreta de los desafíos institucionales que hoy enfrenta la universidad. En ese contexto, el prorrector de Gestión Institucional UC, Francisco Gallego, destacó que la sustentabilidad forma parte de las transformaciones que la UC busca impulsar desde su nuevo Plan Estratégico. “Como Universidad, nos hemos propuesto contribuir a la transformación de la sociedad, poniendo nuestras capacidades al servicio de Chile con un compromiso activo con el bien común”, señaló durante la ceremonia de reconocimiento 2025.

El modelo de trabajo se basa en compromisos anuales que cada equipo adapta a su realidad, junto con un sistema de reconocimiento por categorías según el desempeño reportado. A esto se suman espacios formativos y de encuentro, como talleres, iniciativas de compostaje e involucramiento en el huerto San Francisco, que han permitido ampliar las formas de participación. “Uno de los principales aportes del programa ha sido transformar la sustentabilidad en una práctica cotidiana y compartida, más que en un concepto abstracto”, explica el coordinador del programa Oficina Verde, Claudio Sepúlveda.

Integrantes de las oficinas destacadas en la ceremonia de reconocimiento Oficina Verde 2025. Fotografía cortesía: Vicerrectoría de Comunicaciones UC.

En la práctica, las oficinas implementan acciones en ámbitos como gestión de residuos, eficiencia energética, movilidad sustentable, consumo responsable y construcción de comunidad. Muchas de estas medidas, como la correcta segregación de residuos o el uso eficiente de la energía, se han integrado a las rutinas laborales, generando impactos sostenidos en el tiempo.

Esa experiencia se refleja en los equipos participantes. Desde Pedagogías Interfacultades, una de las oficinas destacadas en 2025, su capitana, Catalina del Villar, describe el proceso como un espacio que trasciende lo operativo: “Ha sido una experiencia muy enriquecedora, nos ha permitido unirnos más como equipo”. A lo que agrega: “Nos entretenemos y planeamos las cosas a futuro, es un espacio que nos aporta mucho bienestar laboral”. A partir de su participación, han impulsado iniciativas como jornadas de alimentación saludable, reciclaje activo y trabajo en huertos comunitarios, prácticas que, según relata, ya forman parte del día a día. “Son prácticas súper incorporadas; cuando no estuvieron, lo notamos de inmediato”, suma.

En el campus Villarrica, la Oficina de Finanzas también fue reconocida por su desempeño. Su capitán, Claudio Tapia Navarrete, destaca el valor de las acciones cotidianas: “Potenciamos aún más la convicción de la importancia de generar cambios desde nuestros sitios. Entendiendo que, desde pequeñas acciones, se contribuye”. El reconocimiento, afirma, valida el trabajo realizado, los impulsa a proyectar nuevas iniciativas y a motivar a otros equipos a sumarse.

Durante la ceremonia 2025 se distinguió a unidades de distintos campus, tanto por su desempeño durante el último año como por acciones destacadas en ámbitos como gestión circular, funcionamiento laboral, construcción de comunidad y equidad social, evidenciando la diversidad de enfoques que adopta el programa.

La ceremonia Oficina Verde 2025 reconoció el compromiso de distintas unidades UC con la sustentabilidad y el fortalecimiento de una cultura de trabajo colaborativa. Fotografía cortesía: Vicerrectoría de Comunicaciones UC.

De cara al futuro, el desafío es profundizar y expandir este impacto. “Buscamos seguir ampliando la participación, incorporando nuevas unidades y fortaleciendo el involucramiento activo de quienes ya son parte del programa”, señala Sepúlveda. Esto implica avanzar hacia cambios más estratégicos en la gestión de recursos y en la cultura organizacional, junto con robustecer los sistemas de acompañamiento y monitoreo.

Gallego subrayó, además, que el principal aporte del programa ha sido instalar una cultura compartida al interior de la universidad. “La transformación universitaria no ocurre solo en las grandes definiciones, sino también en la forma en que habitamos nuestros espacios de trabajo y en los hábitos que cultivamos día a día”, afirmó. En esa línea, agregó que Oficina Verde representa “una manera de entender la UC: una universidad que quiere comenzar por sí misma los cambios que espera promover en la sociedad”.

A diez años de su creación, Oficina Verde se proyecta como una iniciativa institucional y como una red activa de comunidades laborales que, desde sus propios espacios, contribuyen a instalar una cultura sustentable en la universidad. Un proceso que, como coinciden sus participantes, se construye día a día, a partir de decisiones concretas y compartidas. .


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Diseño y bienestar animal

En un taller donde el diseño se piensa más allá de lo humano, el proyecto Cuerpos Animales, impulsado por académicos de la Escuela de Diseño UC, propone una pregunta tan simple como radical: ¿puede el diseño convertirse en un puente entre especies? La iniciativa, liderada por Marcela Mora y Pablo Hermansen, nace desde esa inquietud y se […]

En un taller donde el diseño se piensa más allá de lo humano, el proyecto Cuerpos Animales, impulsado por académicos de la Escuela de Diseño UC, propone una pregunta tan simple como radical: ¿puede el diseño convertirse en un puente entre especies? La iniciativa, liderada por Marcela Mora y Pablo Hermansen, nace desde esa inquietud y se despliega como un espacio de investigación, donde la observación, el prototipado y el trabajo en terreno buscan aportar al bienestar de la fauna nativa en procesos de rehabilitación. 

“Nos interesa pensar el diseño no solo como una disciplina que resuelve problemas humanos, sino como una práctica capaz de mediar relaciones con otras especies”, explica Mora. En ese gesto, la disciplina deja de ser únicamente una herramienta funcional para transformarse en un lenguaje sensible, capaz de escuchar lo que no se dice con palabras. Así, el proyecto se instala en un territorio híbrido, donde lo técnico y lo afectivo dialogan constantemente. 

Uno de los ejes centrales de Cuerpos Animales es comprender el prototipado como una forma de investigación. No se trata solo de fabricar objetos, sino de abrir situaciones que permitan aprender con los animales. “El prototipo abre una posibilidad de observación muy rica, porque permite que los animales nos ‘cuenten’ cosas sin lenguaje verbal”, señala Hermansen. Cada reacción, como la curiosidad, el rechazo o la calma, se convierte en información valiosa para ajustar el diseño, en un proceso iterativo donde las decisiones se toman en función de esas respuestas. Diseñar, en este contexto, es también escuchar. 

El proyecto se perfila como un espacio de investigación, donde la observación, el prototipado y el trabajo en terreno buscan aportar al bienestar de la fauna nativa en procesos de rehabilitación. Fotografía cortesía: Cuerpos Animales

El proyecto se desarrolla en colaboración con la Fundación Ñamku-FIAA y la Fundación Lontra, en una articulación que combina saberes académicos, biológicos, veterinarios y territoriales. Lejos de una lógica de transferencia unidireccional, el trabajo se construye como una co-creación. “El diseño no viene a reemplazar otros saberes, sino a articularlos materialmente”, afirma la docente. En esa interdisciplina, el conocimiento se vuelve colectivo y situado, anclado en las necesidades concretas de los animales y en las condiciones reales de su rehabilitación. 

A lo largo de sus distintas versiones, Cuerpos Animales ha dado origen a una serie de dispositivos de enriquecimiento ambiental orientados a estimular conductas clave para la recuperación de diversas especies. Desde estructuras que promueven la caza en gaviotas hasta sistemas que incentivan el nado en pingüinos o el ejercicio en armadillos, cada prototipo busca algo más que entretener: propiciar comportamientos necesarios para la reinserción en el medio natural. En el caso de los chungungos, una especie de nutria marina en estado vulnerable, los diseños han explorado el fortalecimiento muscular y la exploración activa, como el prototipo “De Espalda al Mar”, que favorece el nado dorsal en condiciones controladas. 

Sin embargo, uno de los desarrollos más significativos del proyecto es un guante diseñado para el manejo de crías de chungungo en incubadora. Su origen radica en una tensión delicada: cómo asegurar una atención clínica rigurosa sin descuidar la dimensión afectiva del cuidado. “Nos preguntamos cómo ofrecer una experiencia de contención que no estuviera tan marcada por la presencia humana directa”, explican. La respuesta fue un dispositivo que, sin reemplazar a la madre, busca aproximarse a su presencia. 

Cuerpos Animales desarrolla dispositivos que estimulan conductas esenciales para la recuperación y reinserción de distintas especies. Fotografía cortesía: Cuerpos Animales.

El guante integra distintas capas de funcionamiento. Su superficie de pelo sintético de alta densidad imita el pelaje adulto, mientras que su estructura incorpora un sistema de alimentación con sonda y boquilla especializada. A ello se suma una fuente de calor y un módulo vibratorio que simula la respiración o el latido, generando una experiencia sensorial más completa. En los dedos, zonas texturizadas permiten estimular el juego y el acicalamiento. “Lo que nos interesa es que conjuga lo técnico con lo afectivo: alimenta, pero también abriga, acompaña y contiene”, señala Pablo. 

Aunque aún no ha sido probado en un contexto real, debido a la ausencia reciente de crías que requieran este tipo de manejo, el prototipo ya representa un avance significativo en la forma de pensar el cuidado animal desde el diseño. El aprendizaje, por ahora, se encuentra en el proceso: traducir necesidades clínicas y emocionales en materialidades concretas, sin perder de vista la ergonomía para quienes lo utilizan. “Diseñamos también para los cuidadores, porque no sacamos nada con crear algo que dificulte su trabajo cotidiano”, agregan. 

En este ecosistema de aprendizaje, los estudiantes cumplen un rol protagónico. Son ellos quienes observan, formulan hipótesis, diseñan y prototipan, en un ejercicio que trasciende la sala de clasesCuerpos Animales se configura así como una experiencia inmersiva, donde el diseño se experimenta en contacto directo con otras formas de vida. “No son solo ejecutores de ideas ajenas, sino protagonistas del proceso completo”, enfatizan. 

En este ecosistema, los estudiantes observan, diseñan y prototipan más allá del aula. Fotografía cortesía: Cuerpos Animales.

De cara al futuro, el proyecto busca consolidarse como un espacio permanente de investigación y creación, capaz de generar conocimiento original sobre el cuidado de la fauna nativa en Chile. Sin embargo, su continuidad depende en gran medida del financiamiento. Las salidas a terreno, esenciales para el trabajo situado, implican costos que hoy representan un desafío. Aun así, la proyección es clara: expandir esta práctica hacia nuevas alianzas, fortalecer redes y, eventualmente, convertirse en un laboratorio o incluso en una fundación dedicada a la innovación en bienestar animal. 

En tiempos donde la relación entre humanos y naturaleza se redefine constantemente, Cuerpos Animales propone una forma distinta de habitar ese vínculo. Una donde el diseño no solo crea objetos, sino también relaciones. Donde observar se vuelve un acto de cuidado y donde, en el silencio de un gesto o en la textura de un material, puede comenzar a tejerse un nuevo lenguaje entre especies. 


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La educación transforma el camino de mujeres privadas de libertad en ELEDUC

El inicio de un nuevo año académico no es solo una fecha en el calendario. Para las participantes del programa En Libertad de Educación (ELEDUC), es también la confirmación de un proceso que transforma trayectorias, amplía horizontes y redefine posibilidades. En una ceremonia marcada por la emoción y las expectativas, estudiantes, equipos y autoridades se […]

El inicio de un nuevo año académico no es solo una fecha en el calendario. Para las participantes del programa En Libertad de Educación (ELEDUC), es también la confirmación de un proceso que transforma trayectorias, amplía horizontes y redefine posibilidades. En una ceremonia marcada por la emoción y las expectativas, estudiantes, equipos y autoridades se reúnen para dar inicio a un ciclo que, más que académico, es profundamente humano. 

Enfocado en mujeres privadas de libertad del Centro Penitenciario Femenino, ELEDUC apuesta por la educación como una vía para abrir nuevas posibilidades y reconstruir proyectos de vida. A través de distintas etapas, el programa acompaña a sus participantes desde la nivelación de estudios hasta el ingreso y permanencia en la educación superior. 

En su Etapa 2, las estudiantes acceden a carreras técnicas y profesionales en diversas instituciones, enfrentando el desafío de sostener sus estudios en contextos complejos. “No se trata solo de lo académico, sino también de lo personal”, explica Sandra Bustamante, coordinadora del programa. “Hacemos seguimiento, apoyamos en trámites, beneficios y, sobre todo, buscamos que no se sientan solas en este proceso”, añade.  

Ese acompañamiento se vuelve clave en trayectorias marcadas por múltiples responsabilidades. Muchas estudiantes combinan estudios con trabajo, maternidad y procesos personales exigentes. “Avanzar en sus carreras requiere compromiso, organización y perseverancia”, agrega Bustamante, destacando que el objetivo es que puedan proyectarse a futuro en lo laboral y en lo personal. 

Cada etapa académica representa una oportunidad para avanzar, proyectarse y reconstruir horizontes.

Para quienes forman parte del programa, esa presencia tiene rostro y nombre. Carolina*, estudiante, lo resume con emoción: “Para mí es un honor, un orgullo estar en ELEDUC. Costó bastante, pero se pudo”. Su experiencia, dice, ha sido “fenomenal y fantástica”, pero por sobre todo valora a las personas que sostienen el proceso. “Siempre están disponibles, con la mejor intención para que podamos avanzar. Eso es lo que más valoro: la gente”. 

Su testimonio refleja uno de los pilares del programa: la construcción de vínculos significativos que permiten sostener los procesos educativos en el tiempo. No se trata solo de acceder a la educación, sino de permanecer en ella, de avanzar, de llegar a la meta. 

Ese horizonte también aparece en la voz de Pilar*, estudiante ELEDUC, quien destaca cómo el acceso a la educación ha transformado su manera de mirar el futuro. “Ahora lo veo distinto. Sé que voy a tener una carrera, que voy a poder trabajar en algo que me gusta”, afirma. Para ella, el impacto va más allá de lo personal: se proyecta en su familia. “Poder darles un mejor ejemplo a mis hijas, un mejor futuro para ellas”. 

En ese camino, el programa entrega apoyos concretos: tutorías académicas, orientación administrativa, ayudas económicas para materiales o transporte, y un acompañamiento emocional constante. “La idea es ayudarlas a mantenerse en sus estudios y que puedan proyectarse”, explica Bustamante. 

El inicio del año académico 2026 reunió a estudiantes y equipos de ELEDUC en una jornada de encuentro y proyección.

Los resultados, aunque diversos, comparten un hilo común: el fortalecimiento de la confianza. “Muchas comienzan con dudas e inseguridades, pero eso va cambiando. Empiezan a creer en sus capacidades”, señala Sandra. Es ahí donde la educación deja de ser solo una herramienta y se convierte en una experiencia transformadora. 

En cada inicio de año académico, ELEDUC no solo abre nuevas clases o programas de estudio. Abre posibilidades. En las salas, cuadernos y conversaciones se va escribiendo algo más profundo: la certeza de que el conocimiento puede ser también una forma de reconstrucción. 

Y en ese proceso, cada estudiante avanza hacia un título y hacia una nueva manera de habitar su propia historia. 

*  Los nombres de las personas entrevistadas fueron cambiados para resguardar su identidad. 


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Organizaciones estudiantiles que siembran sustentabilidad en la UC

En la Pontificia Universidad Católica de Chile, la sustentabilidad ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una práctica viva que se construye día a día. En salas de clase, patios, cerros, huertos y hasta en la costa, diversas organizaciones impulsadas por estudiantes están redefiniendo la manera en que la comunidad universitaria se vincula […]

En la Pontificia Universidad Católica de Chile, la sustentabilidad ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una práctica viva que se construye día a día. En salas de clase, patios, cerros, huertos y hasta en la costa, diversas organizaciones impulsadas por estudiantes están redefiniendo la manera en que la comunidad universitaria se vincula con su entorno. Se posiciona como una red activa que articula formación, acción y comunidad en torno a un mismo propósito: instalar una cultura de sustentabilidad al interior de la UC. 

Muchas de estas organizaciones nacen desde una inquietud compartida. En 2020, por ejemplo, Pontificia Universidad Católica United Nations Society (PUCUNS) surgió a partir de la iniciativa de estudiantes que identificaron la falta de espacios para debatir y desarrollar proyectos vinculados a problemáticas globales. “La motivación principal fue generar un espacio que conectara al estudiantado con los desafíos que ocurren tanto en Chile como en el mundo, tomando como referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, explican desde su directiva. La organización ha logrado articular una propuesta que combina debate, vinculación internacional y acción social, integrando la sustentabilidad desde una perspectiva global. 

PUCUNS nació en 2020 para conectar al estudiantado con desafíos globales y promover la sustentabilidad desde la acción y el debate. Fotografía cortesía: PUCUNS.

Una lógica similar, aunque desde lo cotidiano, dio origen al Taller El Container. Nacido en 2015 desde el colectivo “Voy en Cleta a la UC”, este espacio responde a una necesidad concreta: apoyar a quienes se movilizan en bicicleta hacia y desde los campus. “Faltaba un taller mecánico donde asistir a quienes presentaban problemas en sus ciclos”, afirma Ricardo Manosalva, coordinador de la agrupación. Hoy, además de resolver urgencias, el taller promueve una cultura ciclista mediante capacitaciones, ferias y actividades, aportando a una movilidad más sustentable. 

El Taller El Container nació para apoyar la movilidad en bicicleta y promover una cultura ciclista más sustentable en la UC. Fotografía cortesía: Taller El Container.

Desde otra vereda, pero con un enfoque igualmente práctico, el Vivero Forestal Dombeyi emerge como un espacio de aprendizaje aplicado. Impulsado por estudiantes de Ingeniería Forestal, el vivero comenzó a gestarse en 2015 como una forma de llevar la teoría a la práctica. “Buscamos aportar a la educación, conservación y propagación de flora nativa de Chile”, señala su coordinador Fernando Mosler. A través de la producción de especies, talleres y actividades abiertas, el vivero se ha consolidado como un laboratorio vivo donde la sustentabilidad se experimenta. 

El Vivero Forestal Dombeyi impulsa la conservación y propagación de flora nativa mediante aprendizaje práctico y actividades abiertas. Fotografía cortesía: Vivero Forestal Dombeyi

En el ámbito de la acción directa, UCéanos ha hecho de las limpiezas de playas su principal herramienta de intervención. Desde su creación en 2018, la organización ha movilizado a cientos de voluntarios en operativos que combinan impacto ambiental y formación. Solo en 2025, lograron retirar más de cinco toneladas de residuos en zonas costeras. “Buscamos formar agentes de cambio que integren la sustentabilidad en su forma de pensar y actuar”, explica Valentina Araya, jefa general. A esto se suma UCerros, iniciativa que traslada esta lógica a la Región Metropolitana mediante limpiezas mensuales. 

La Raíz, en tanto, se posiciona como un espacio integral de formación y acción socioambiental. Continuadora del trabajo iniciado por Cverde en 2014, la organización articula proyectos que van desde la educación ambiental hasta la restauración ecológica. Iniciativas como Escuela La Raíz, Lompost o Manos en la Tierra dan cuenta de una trayectoria diversa, donde el objetivo es claro: “formar agentes de cambio y construir comunidad en torno al cuidado de la tierra y las personas”, explica su presidenta, Josefa Oyarce.  

La Raíz impulsa proyectos de educación ambiental y restauración ecológica para formar agentes de cambio y construir comunidad. Fotografía cortesía: La Raíz.

En la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, Huerto Simbionte propone otra forma de habitar la universidad. Nacido como un espacio tangible para aplicar conocimientos, el huerto busca conectar a los estudiantes con la agroecología y las prácticas sustentables. “Queremos que sea un lugar donde se formen lazos y se aprenda desde la experiencia”, comenta Febe Villagra, coordinadora de la organización. Su trabajo ha sido reconocido con iniciativas como el fondo Impulsa tu Idea y el Premio Germina, reflejando el impacto de su propuesta. 

Huerto Simbionte promueve la agroecología y el aprendizaje práctico mediante un espacio de encuentro y sustentabilidad en la UC. Fotografía cortesía: Huerto Simbionte.

Articulando este ecosistema, la Vocalía de Sustentabilidad FEUC cumple un rol clave en la coordinación y fortalecimiento de las iniciativas estudiantiles. “Buscamos construir un ecosistema sustentable, coordinado y participativo dentro de la UC”, señala Martina Márquez. A través de proyectos como Reforesta UC, campañas de reciclaje o ferias de economía circular, la vocalía impulsa acciones concretas y promueve una visión transversal de la sustentabilidad en la vida universitaria. 

Más allá de sus diferencias, todas estas organizaciones coinciden en un punto: la participación es abierta y fundamental. Ya sea a través de voluntariados, talleres, proyectos o espacios de coordinación, la invitación es a involucrarse. “No hay que ser experto, basta con tener motivación”, es una idea que se repite, evidenciando que la sustentabilidad, en este contexto, se construye colectivamente. 

Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. La falta de financiamiento, la rotación de sus integrantes y la necesidad de mantener el interés estudiantil son obstáculos comunes. UCéanos, por ejemplo, enfrenta altos costos logísticos en sus operativos; el vivero Dombeyi debe sostener su funcionamiento con recursos limitados; y otras organizaciones apuntan a la dificultad de ampliar su alcance dentro de la comunidad universitaria. 

Pese a ello, las proyecciones son ambiciosas. Desde consolidar redes de colaboración hasta expandir sus iniciativas a otros campus y territorios, estas organizaciones buscan fortalecer su impacto y continuidad. La meta es compartida: que la sustentabilidad deje de ser un nicho y se convierta en una forma de vivir la universidad. 

En ese tránsito, las organizaciones estudiantiles ejecutan proyectos y transforman miradas. Son espacios donde la teoría se encuentra con la práctica, donde el aprendizaje se vuelve experiencia y donde la comunidad se construye desde la acción. En un contexto marcado por la urgencia climática, su rol no es menor: son, en muchos sentidos, el pulso joven de una universidad que busca avanzar hacia un futuro más justo y sustentable. 

Conoce todas las organizaciones estudiantiles en sustentabilidad aquí


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Una Salud como puente entre universidad, vecindarios y sustentabilidad

A un costado de los campus universitarios, donde el ritmo académico convive con la vida de barrio, vecinos esperan atención frente a distintos stands de salud, orientación jurídica y sustentabilidad. Algunos buscan resolver dudas médicas; otros, recibir apoyo legal o aprender sobre reciclaje y compostaje. Lo que parece una suma de servicios diversos responde, en […]

A un costado de los campus universitarios, donde el ritmo académico convive con la vida de barrio, vecinos esperan atención frente a distintos stands de salud, orientación jurídica y sustentabilidad. Algunos buscan resolver dudas médicas; otros, recibir apoyo legal o aprender sobre reciclaje y compostaje. Lo que parece una suma de servicios diversos responde, en realidad, a una misma idea: entender que la salud humana, ambiental y social forman parte de un mismo ecosistema

Ese es precisamente el principio del enfoque “Una Salud” (One Health), promovido internacionalmente por organismos como la ONU y desarrollado también por distintas instituciones académicas, entre ellas la Pontificia Universidad Católica de Chile. La propuesta plantea que la salud de las personas está profundamente vinculada con el medioambiente, los animales y las condiciones sociales en que viven las comunidades. 

Bajo esa mirada, las Ferias de Salud y Servicios UC, impulsadas por la Dirección de Sustentabilidad en colaboración con UC Christus, se han convertido en espacios donde distintas disciplinas universitarias colaboran para abordar el bienestar desde una perspectiva integral, acercando el conocimiento académico a los barrios cercanos a los campus. 

Estudiantes de distintas carreras del área de la salud UC participan en las Ferias de Salud y Servicios, acercando orientación médica, prevención y bienestar integral a vecinos de comunidades cercanas a los campus universitarios.

Sebastián Navarro, coordinador de vinculación y relacionamiento con vecinos de la Dirección de Sustentabilidad UC, asegura que el principal valor de estas iniciativas radica justamente en esa integración. “Las Ferias de Salud y Servicios UC reconocen que la salud de las personas, los animales y el medio ambiente están estrechamente vinculadas y son interdependientes. Este enfoque se materializa en un despliegue integral de stands y servicios impulsados por distintas unidades UC: Odontología, Terapia Ocupacional, Kinesiología, Nutrición, Enfermería, a través de ‘Cuidados en Acción’; Medicina Familiar, Muévete por la Salud y la Clínica Jurídica, además de la Dirección de Sustentabilidad, que promueve hábitos sustentables, reciclaje y eficiencia energética, junto con la inscripción en Tarjeta Vecino UC. A ello se suma también la participación de Medicina Veterinaria 

La escena se repite en cada jornada: estudiantes de distintas carreras atendiendo vecinos, adultos mayores resolviendo inquietudes legales, equipos de salud realizando controles preventivos y talleres ambientales orientados al cuidado del entorno. Más que operativos aislados, las ferias funcionan como espacios de encuentro territorial. “El objetivo es que la comunidad perciba estas dimensiones no como áreas separadas, sino como un sistema interdependiente que garantiza la calidad de vida en el territorio”, agrega Navarro. 

La universidad y el barrio

Uno de los aspectos más relevantes de estas ferias es el vínculo que generan entre la universidad y las comunidades vecinas. Vecinos(as) que muchas veces observan la vida universitaria desde fuera encuentran aquí un espacio de acceso, orientación y acompañamiento. En esa línea, para la Dirección de Sustentabilidad UC estas iniciativas forman parte central de su trabajo de vinculación con el entorno cercano, promoviendo una relación permanente y colaborativa entre la Universidad y las comunidades vecinas a sus campus, conectando las capacidades UC con las necesidades e intereses de los barrios donde está presente. 

En esa línea, desde la Facultad de Medicina UC destacan que este tipo de iniciativas permiten abordar la salud desde una perspectiva integral y conectada con la realidad cotidiana de las comunidades. La vicedecana de la Facultad de Medicina UC, Marcela Cisternas, señala que “la atención de salud, centrada en el paciente, requiere un abordaje multidisciplinario, que permita enfrentar en forma integral las necesidades en salud e idealmente debe desarrollarse donde están los pacientes, en su entorno y comunidades”. 

Asimismo, agrega que el trabajo territorial también fortalece la formación estudiantil: “Este trabajo en problemáticas territoriales concretas permite formar a nuestros estudiantes en el valor del trabajo en equipo y que los equipos multidisciplinarios tienen mejor capacidad para responder en forma coordinada a las necesidades reales de las personas y sus comunidades”. 

Voluntarios de ECOS orientan a vecinos sobre sustentabilidad y cuidado del entorno, promoviendo hábitos que fortalecen el bienestar ambiental y comunitario.

“Estas instancias funcionan como un puente de bidireccionalidad y vinculación territorial. Su rol principal es facilitar espacios de encuentro donde el conocimiento universitario se traduce en servicios concretos para los vecinos”, señala Navarro. 

La experiencia también representa una oportunidad formativa para los estudiantes, quienes enfrentan necesidades reales fuera del aula y comprenden cómo sus disciplinas dialogan con problemas cotidianos. 

“De este modo, la universidad sale de sus muros hacia los barrios más cercanos y el estudiante pone sus aprendizajes al servicio de la comunidad, fortaleciendo su confianza, ejercitando su comunicación y reconociendo al vecino como actor principal de la vida barrial”, añade. 

Mercedes, vecina de 76 años, participó nuevamente este año tras asistir a una feria anterior. “El año pasado fui a la feria y me ayudó mucho el informe médico que me hicieron en el stand de medicina. Este año quería inscribirme a Tarjeta Vecino UC”, comenta. 

Durante la jornada recorrió espacios vinculados a kinesiología, nutrición, odontología y atención médica general. Más allá de las prestaciones específicas, destaca el trato recibido y la cercanía de quienes participan. 

“Aprendí que tengo que hacer más ejercicios, comer mejor y revisarme más seguido. Estas actividades benefician mucho el entorno. La gente es muy amable para explicar y hacerme entender”, dice. Para ella, este tipo de iniciativas cumplen un rol importante en el barrio. “Por supuesto que aportan a la comunidad que va más allá de los estudiantes. Estos servicios no son un negocio, son únicamente para ayudar”, afirma. 

El bienestar también pasa por lo jurídico 

Uno de los espacios que ha generado mayor interés dentro de las ferias es el stand de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho UC. Allí, estudiantes acompañados por profesores entregan orientación legal gratuita a vecinos que muchas veces no tienen acceso a asesoría profesional. 

Para Jaime Castillo, abogado y director de la Clínica Jurídica, esta labor se relaciona directamente con el enfoque de “Una Salud”, especialmente por el impacto que los problemas legales tienen sobre la calidad de vida y la salud mental de las personas. 

“El aporte nuestro de la Facultad de Derecho es otorgar orientación legal a las personas que acuden a esta feria de salud y servicios. Como orientación jurídica podemos hacer un trabajo muy potente”, explica. 

Las consultas más frecuentes están relacionadas con herencias, violencia intrafamiliar, pensiones de alimentos, deudas y conflictos de arriendo. “Las personas llegan por una consulta y después aparecen otros temas en los que también podemos ayudarlas. Sobre todo, los adultos mayores preguntan mucho sobre herencias”, señala Castillo. 

Estudiantes y docentes de Derecho UC entregan orientación jurídica a vecinos, reflejando el enfoque “Una Salud”, que entiende el bienestar como una dimensión también social y comunitaria.

En muchos casos, agrega, las personas no solo necesitan información jurídica, sino también acompañamiento y orientación personalizada. “Los casos son muy difíciles de estandarizar. Siempre tienen algo distinto. Entonces esa atención personalizada es muy importante”, comenta. 

La experiencia también ha generado un impacto significativo en la formación de los estudiantes de Derecho, quienes participan desde distintos niveles de avance académico. “Ha sido una experiencia humana extraordinaria y académicamente muy importante. A nuestra carrera le hace falta eso: que los estudiantes salgan, conversen y se atrevan a interactuar con las personas”, afirma Castillo. 

Una mirada integral 

Desde la organización de las ferias, uno de los principales aprendizajes ha sido la necesidad de trabajar interdisciplinariamente. Según Navarro, muchas veces las personas llegan buscando resolver un problema puntual, pero durante la conversación aparecen otras necesidades que pueden ser abordadas por distintas áreas. “Creemos que cuando las personas pasan por todas las disciplinas logran tener respuestas más completas a sus requerimientos”, explica. 

Desde Medicina UC advierten además que avanzar hacia sistemas de salud más preventivos implica considerar factores que van mucho más allá de la atención clínica tradicional. “El desarrollo de las enfermedades, su pronóstico y tratamiento, están determinados no solo por factores genéticos, sino también ambientales, culturales, económicos y sociales”, explica la vicedecana de la Facultad de Medicina UC. 

En esa línea, subraya que aspectos como la alimentación saludable, las áreas verdes, las redes de apoyo y el acceso a espacios de recreación son fundamentales para mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades. “Un buen sistema de salud no solo debe tratar la enfermedad, sino influir e impactar en todos los factores determinantes en salud, identificando las necesidades actuales y desarrollando estrategias que permitan anticiparse y prevenir las enfermedades y necesidades emergentes”, afirma. 

El bienestar no depende únicamente de factores médicos, sino también de las condiciones sociales, ambientales y comunitarias que rodean la vida cotidiana. 

El enfoque “Una Salud” busca justamente eso: comprender que el bienestar no depende únicamente de factores médicos, sino también de las condiciones sociales, ambientales y comunitarias que rodean la vida cotidiana. Por ello, la proyección de estas ferias apunta a fortalecer el trabajo colaborativo con organizaciones barriales y ampliar la participación territorial. 

“Proyectamos evolucionar hacia un modelo de participación activa con diversos actores barriales, incorporando juntas de vecinos, grupos animalistas y organizaciones ambientales”, señala Navarro. 

Mientras tanto, las ferias continúan consolidándose como espacios donde la universidad y la comunidad se encuentran para construir soluciones compartidas. En tiempos marcados por desafíos ambientales y sociales cada vez más complejos, iniciativas como estas recuerdan que la salud de las personas también depende de la salud de sus barrios, de sus vínculos y de su entorno.


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